¡Eres más feo que Picio!

Esta expresión, que seguramente hayas oído más de una vez, se utiliza para referirse a una persona muy  fea.

Francisco Picio, según cuenta la leyenda –aunque algunos cronistas de la época sostienen que existió de verdad– fue un zapatero que vivió en el granadino pueblo de Alhendín  a finales del siglo XVIII. Al parecer, fue acusado y condenado a muerte por un delito grave cuyos detalles se desconocen.

Cuando «estaba en capilla», poco antes de ser ajusticiado, su pena fue revocada. Ello le causó tal impresión que se le cayeron las pestañas, las cejas y el pelo de la cabeza. Se le produjeron tan  horribles malformaciones, úlceras y quistes en su cabeza y rostro, que lo desfiguraron por completo. A partir de entonces, aquel pobre hombre se convirtió en el principal referente de fealdad extrema. De ahí la  frase: «Eres más feo que Picio».

Ante tamaña desgracia, Picio sufrió el rechazo de sus vecinos, por lo que decidió mudarse al pueblo de Lanjarón. Sin embargo, su estancia allí fue muy corta ya que  también fue rechazado y prácticamente expulsado porque se negaba a descubrirse la cabeza cuando entraba a la iglesia para asistir a misa.

Luego se trasladó a Granada donde vivió hasta el día de su muerte, fecha en la que ni siquiera el asustado e inmisericorde cura quiso uncir los óleos en la frente del moribundo, y se valió de una caña para evitar acercarse a la pobre criatura.

Este personaje alcanzó gran popularidad y de hecho lo mencionan en su obra escritores como Pedro Antonio de Alarcón y Benito Pérez Galdós, entre otros. Y quién sabe si su fama también predispuso al célebre compositor mexicano Agustín Lara cuando, al escribir en 1932 la letra de la memorable canción Granada, sentenció: «…Granada, tu tierra está llena de lindas mujeres…»; pero  de los granadinos, ¡ja, ja,ja!, no dijo ni pío.