GRANADA TIENE DUENDE… y se llama Martinico

 

La palabra duende proviene del vocablo árabe “duar” que significa “el que habita”. Es un espíritu fantástico, con figura de viejo o de niño que, según recoge la narrativa tradicional fantástica, habita en algunas casas o jardines.

Pertenecen a un “mundo paralelo”, el de los seres elementales. Son espíritus de la naturaleza, igual que las hadas y los elfos; pero son más traviesos y les gusta más el contacto con los humanos.

Suelen visitar nuestras casas, y si la energía les transmite sensaciones positivas, optan por quedarse. Prefieren la noche al día y son hiperactivos.

Son difíciles de ver, sobre todo por los adultos, que en general carecen de la imaginación y fantasía necesarias. Pueden hacerse visibles cuando así lo deseen; y pueden modificar sus formas y tamaños, según les plazca, siendo capaces de transformarse en animales domésticos (perros, gatos, pájaros…) para ocultar su apariencia real, en un momento dado.

Hay diversos tipos de duendes, pero el que de verdad nos interesa es el llamado Martinico. Este ser fantástico forma parte de la mitología española, y principalmente de la andaluza y castellana. En la Edad Media se  llamaban bestiones a este tipo de duendes. Le podemos ver representado en uno de los  grabados de la serie de los Caprichos de Goya, titulado “Duendecillos”.

En Granada, en el Barrio del Albaicín, según cuenta la tradición, el duende Martinico era el guardián de los aljibes y de los depósitos de agua, y con él se asustaba a los niños para evitar que se acercaran y ensuciaran el agua que se utilizaba para beber y  evitar así posibles infecciones. Pero no era, ni mucho menos, un duende malo, todo lo contrario, era un personaje travieso y bonachón que causaba simpatía y temor, a partes iguales. Su aspecto era el de un ser pequeño, regordete y narigudo  que iba vestido con un hábito de monje de color rojo.

Así, cuando paseemos por este Barrio, Patrimonio de la Humanidad – con los ojos bien abiertos y dejándonos llevar por ese niño que todos llevamos dentro -, es posible que en las proximidades de alguno de sus innumerables aljibes se nos aparezca   Martinico con su hábito rojo de franciscano o quizás prefiera adoptar la forma de perro o gato, para pasar desapercibido a los humanos adultos.

Y es que, definitivamente, tal como reconoce cualquiera que se haya paseado por esta maravillosa ciudad, Granada tiene DUENDE…